Monotributistas

Valentín y Antonio, como los taxistas con Uber, protestaron cuando Tinder y Grindr se metieron con su laburo. También como en el caso de los taxistas, poco efecto tuvieron los intentos de regulación de las plataformas, aunque el jefe del Estado que los rige, el Papa, es el más poderoso de la Tierra. A regañadientes se adaptaron y fueron encontrando una forma propia para posicionar sus servicios. O, más bien, encontraron distintos públicos para diferentes modalidades de trabajo. Como los taxistas, hacen modalidad mixta según las demandas de los clientes. Para los más tradicionales, atención presencial en santuarios e iglesias y la clásica flecha para el conjuro. Este trabajo artesanal está dedicado a clientes que priorizan intensidad en el vínculo y mayor duración en el placer y el sufrimiento. También tienen modalidad digital: intervienen los algoritmos para hacer y deshacer matches. Este último servicio está más orientado a los públicos que requieren velocidad, transparencia en la compatibilidad y corporalidad optativa.

Como con cualquier laburo, Valentín y Antonio también necesitan sobrevivir.

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