Juguetes reales II

Hay escritores profundamente envidiosos de los futbolistas. Menos conocido es el motivo del consecuente desprecio. Envidian que Maradona o Banini besen, tanto en los momentos tensos como en el éxtasis de placer, a su mejor amiga, a su amor incondicional, a su pasión: la pelota.

El libro oficia de simple sucedáneo, por eso se hacen adictos a su olor.

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