¿Por qué filosofía feminista y latinoamericana en Mendoza de 2026?
Porque es urgente.
En estos tiempos aciagos, en los que recrudece y avanza el colonialismo extractivista en nuestro país, ya no solamente de forma “clásica”, como enclave para el despojo de lo que la elite de tecnocapitalistas patriarcales (Peter Thiel en su nueva mansión de Buenos Aires, Elon Musk proveyendo Internet a las escuelas argentinas y Marcos Galperín, el tecnomagnate nacional con la plataforma y billetera digital más extendida en el país y en buena parte de la región) entienden como “recursos naturales”, tierras raras o minerales críticos según la terminología más reciente, sino también de la progresiva destrucción del lazo social y las capacidades de atención y de pensamiento que sus tecnologías producen a través del preciso diseño técnico para la monetización de datos, por un lado, y además, específicamente para nuestras latitudes, producen graves procesos de endeudamiento personal (también a través de las plataformas digitales creadas por aquellos), encabalgados a la deuda de nuestro país con los organismos financieros disciplinadores (como el Fondo Monetario Internacional); conjunto de procesos paralelos e imbricados propios de la necropolítica actual.
Hacer algo diferente, y no solo distinto, sino a contrapelo de este presente que busca eternizarnos en una inevitabilidad de los hechos a través de las esquizas posiciones apocalípticas (en su última versión, la Inteligencia Artificial va a destruir el mundo en menos de diez años) y tecnooptimistas (profundamente dogmáticas, patriarcales y conservadoras: la única forma de salvación es el “solucionismo tecnológico” que proponen aquellos tecnomagmates) es el propósito de la filosofía.
La filosofía tradicionalmente se ha asociado al linaje del pensamiento, de las ideas, pero la filosofía latinoamericana feminista es y propone algo más: es una praxis ética, en la que el pensamiento nace del cuerpo, mejor dicho, es el cuerpo: las prácticas se construyen donde pisan los pies. Esto es: vivimos en esta tierra (y esta Tierra), venimos del mismo barro, somos humus. Y esta posición encarna respeto y cuidado recíproco por todos los seres vivos, humanos y no humanos. Y eso no es equivalente a romantizar las relaciones: existe el poder, por lo tanto, también la conflictividad social, política, económica. Lo que proponen las tradiciones del pensamiento y la filosofía latinoamericana no es desconocer las desigualdades ni las opresiones -bien lo han vivido los pueblos y las personas en su (nuestro) cuerpo-, a lo que apuntan, lo que construyen en el día a día, son prácticas basadas en principios que procuran la igualdad reconociendo la diferencia, desde la dignidad y el cuidado de la vulnerabilidad, no solamente de las “minorías”, es decir, de los tradicionalmente excluidos (mujeres, disidencias, pueblos originarios, afrodescendientes, población empobrecida, animales no humanos) sino de todos los seres vivos y no vivos (es decir, las perspectivas posthumanistas feministas de la técnica incluyen la relación con las diferentes tecnologías, no son neoluditas). Básicamente proponen, y esto no es menor en la coyuntura actual, imaginar otros presentes y futuros desde el conatus vitalista y las pasiones alegres comunes.
A mí la universidad pública y laica me enseñó todo esto y siento la responsabilidad, y es el compromiso de la institución, transmitir a las generaciones más jóvenes que es posible, deseable y que en el aula lo estamos haciendo.
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